12.14.2006

Comentario de Libro

Amor Líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos.
Una reflexión en un mundo globalizado, centrada en el amor es la obra que escribe el autor Zygmut Bauman.

La fragilidad de las relaciones humanas y los miedos a establecer lazos más fuertes son parte de las reflexiones que sigue entregando este sociólogo contemporáneo.
Un importante análisis en el mundo globalizado acerca de los cambios de actitud y mentalidad de quienes forman parte de esta sociedad globalizada, donde los análisis hasta ahora siempre se centran en la economía y las comunicaciones; y sin duda, dejan afuera las relaciones humanas o el comportamiento de las personas que junto con estar cada día más conectados son más temerosos de establecer lazos fuertes, como acota Bauman.
Él sostiene que nuestra sociedad se debate entre el “vivir juntos y separados” y la falta de compromisos”.
A pesar de que el enfoque del libro está centrado en el amor y la sexualidad en estos tiempos, el autor hace una interesante descripción de la fragilidad de los vínculos amorosos cruzado por la falta de solidaridad de una sociedad individualista, donde el miedo es la relación entre las personas.
Este libro corresponde a una segunda parte o continuidad de un libro anterior que tiene este sociólogo en el que realiza un acercamiento a la ambigüedad en esta sociedad de la modernidad que el bautiza líquida.

Llama liquido a los efímeros nexos entre elecciones personales y acciones colectivas que se dan en este espacio de manera inestable, para Bauman esta inestabilidad estaría dada por la lógica del consumo que marca esta sociedad.
Bauman en la primera parte del libre realiza un recorrido indagando en la naturaleza última del amor, pasando desde Platón hasta Freud. En ella habla que no existe el amor eterno y el amor se vuelve utilitario, se usa cuando se necesita o se mantiene guardado. Esto nos habla que el consumismo va impregnando todas las áreas. No se trata de un moralismo sino que más bien describe una falta de ética responsable y solidaria.

A Bauman le preocupa que la ética del trabajo y la fidelidad a la profesión han sido reemplazadas por una estética del consumo y su diversidad de ofertas (comerciales, laborales, sentimentales).



Pero son las relaciones, los vínculos los que hoy generan este debate da la impresión que la gente quiere preservarse como otro consumo más, pero sin gastarse. Y de aquí resulta gran parte de la paradoja la fascinación por los contactos a distancia que permiten las nuevas tecnologías o la obsesión por la fama inmediata de los más celebrados concursos televisivos (que destilan un único mensaje: competir e imponerse al resto es la clave del éxito) son algunos ejemplos destacados de esta nueva sensibilidad.
Por eso es tan importante el tema que adoptan las relaciones entre la ambivalencia, fragilidad y ansiedad con que se actúa. Sin duda, este sociólogo recoge con gran talento y lo describe de muy buena manera el miedo al amor como nombra a esta incapacidad de comprometerse de esta sociedad del consumo.
Este autor desarrolla la idea de que cuando lo público ya no existe como sólido, el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso caen total y fatalmente sobre los hombros del individuo.
Este libro en particular, no es una visión particularmente alegre, pero es un mensaje de esperanza ya que el cree que es posible superar los problemas que plantea la moderna sociedad líquida.
Modernidad líquida es un término positivo: señala la diferencia que es la volatilidad. La característica definitoria de los líquidos es la imposibilidad de mantener su forma y, a la vez, su vulnerabilidad. Eso es precisamente lo que diferencia a la sociedad actual de aquella de la modernidad en su fase sólida, que buscaba ser duradera y resistente al cambio.
Para el autor existe una cualidad imaginaria en la que política y poder en que ambos confluyen el que está siendo atacado. Por un lado el poder se está evaporando hacia arriba, al espacio planetario, que es el dominio de los negocios extraterritoriales. Por el otro, la política se escapa hacia el espacio de las fuerzas del mercado y lo que llama a "política de la vida": el espacio de los individuos con alianzas tenues que tratan con esmero -pero con resultados prácticamente nulos- de encontrar soluciones privadas a los problemas públicos.
Las instituciones políticas heredadas de los tiempos en que el poder y la política estaban al nivel del Estado-nación moderno se mantienen atadas a una localidad exactamente como antes, sin la posibilidad de resistir además de las presiones de los poderes globales.
De esta manera están imposibilitadas de desempeñar sus papeles tradicionales y los ceden a las fuerzas del mercado o las dejan abiertas a la iniciativa y a la responsabilidad individual. El resultado final es el sentimiento generalizado de que cada uno de está por las suyas, de que nada se gana uniendo las fuerzas y preocuparse por una buena sociedad es una pérdida de tiempo: es el debilitamiento de la solidaridad social con la consecuente fragilidad de los lazos humanos.
Bauman en su libro relata que la nuestra es una sociedad crecientemente individualizada, en la cual el ser competitivo, más que solidario y responsable, es considerado clave para el éxito. No existe la felicidad de larga duración, la felicidad que crece en el tiempo gracias a su cultivo cuidadoso y paciente, es concebible sólo en un entorno predecible y en el que se respeten las normas, la búsqueda de momentos felices o de éxtasis episódicos está tendiendo a reemplazarla.
La felicidad es vista como momentos, como encuentros breves, más que como un derivado de la consistencia, la cohesión, la lealtad y el esfuerzo a largo plazo que sostenían la mayor parte de los filósofos modernos.
Hace que las relaciones entre las personas se vuelvan de una extrema ambivalencia y ansiedad. Por un lado, en un ambiente líquido necesitamos amigos más que en ningún otro momento del pasado. Por otro lado, sin embargo, la amistad es para dos y requiere de un compromiso firme y permanente, que nos puede atar las manos en caso de que la situación cambie y aparezcan nuevas oportunidades más atractivas. El problema es que esas condiciones no son las ideales para que florezcan la verdadera amistad ni menos el amor.
Frente a los problemas generados globalmente señala que estos pueden ser resueltos solamente por una acción global. Y para eso plantea que existe una estrategia de atrincherarse: cerrar todas las puertas con llave con la esperanza de poder crear para un pequeño nicho de seguridad frente al territorio salvaje que hay afuera. Pero en un planeta globalizado la democracia, la seguridad o el bienestar de un solo país es imposible. Nadie puede sentirse seguro a menos que habite un planeta seguro.
La segunda alternativa, y la única lógica, es la responsabilidad global, que significa aceptar la responsabilidad del bienestar y la supervivencia de los demás, y actuar de acuerdo con esa responsabilidad.
El amor al prójimo, uno de los fundamentos de la vida civilizada y de la moral, distorsionado hasta el temor a los extraños, son consecuencia de cómo la esfera comercial lo abarca todo, cómo las relaciones, "los riesgos y angustias de vivir juntos y separados", son siempre pensadas en términos de costos y beneficios. El homo economicus y el homo consumens definen y conforman la sociedad de mercado, como afirma en el segundo capítulo.
Los problemas cotidianos, el frenesí social dominante, los inconvenientes en
vuestros hogares con hijos, esposa, suegra y también mascotas, y demás sucesos que hacen de las personas entes al servicio de la mera supervivencia, van complejizando en todos los ámbitos las relaciones humanas. Aunque, aún más, las amorosas y/o sexuales. Por todo ello, el sexo sólo o con amor se vuelve más que un placer un displacer y, peor aún, hasta algo obligado. No es de extrañar que el desencadenante sea la separación o el divorcio, para luego pasar a las relaciones fugaces, etéreas, líquidas y sin compromisos.
El amor y el sexo acompañan los ritmos del remolino social vigente y, lejos del "hasta que la muerte nos separe", hoy sería "hasta que los vaivenes con que nos arrastra la globalización y las prácticas culturales que esta "deforma"… nos separe".

El habitante de nuestra "moderna sociedad líquida", como la define Bauman, debe unir los lazos que prefiera usar como eslabón para ligarse con el resto del mundo humano, basándose exclusivamente en su propio esfuerzo y con la ayuda de sus propias habilidades y de su propia persistencia; algo muy común en aquellas personas que adoptan la perspectiva liberal como la forma de vida más plausible. Muchos hombres y mujeres desconfían o son reacios todo el tiempo de estar plenamente relacionados y para siempre.
Aunque estos vínculos logrados no tienen ninguna duración, esa conexión no está bien anudada, para que sea posible desatarla rápidamente cuando las condiciones cambien, algo que en la modernidad líquida seguramente ocurrirá una y otra vez.
Muchos hombres y mujeres se sienten descartables y abandonados a sus propios recursos, siempre ávidos de la seguridad de la unión y de la mano servicial con la que puedan contar en los malos momentos; desesperados por relacionarse. Sin embargo y contradictoriamente, desconfían o son reacios todo el tiempo de estar plenamente relacionados y para siempre.
Los "individuos líquidos" modernos consideran que sólo se puede entrar en el amor y en la muerte una única vez. Nadie puede aprender a amar, tal como no se puede aprender a morir. Cuando llegue el momento, el amor y la muerte caerán sobre nosotros, sin saber siquiera cuando.
Anticipándose al esquema que habría de prevalecer en nuestros tiempos,
Erich Fromm intentó explicar la atracción por el "sexo en sí mismo" (el sexo "por derecho propio", la práctica del sexo separada de sus funciones ortodoxas), caracterizándolo como una respuesta (equívoca) al siempre humano "anhelo de fusión completa" a través de una ilusión".
Unión, ya que eso es exactamente lo que hombres y mujeres buscan denodadamente en su intento por escapar de la soledad que sienten o temen sentir. Ilusión, ya que luego de la unión alcanzada durante el breve instante del orgasmo "deja a los desconocidos tan alejados como lo estaban antes" de modo tal que "sienten su extrañamiento aún más profundamente que antes".
Al cumplir ese rol, el orgasmo sexual "cumple una función no demasiado diferente del alcoholismo o la adicción a las drogas"; es intenso, pero "transitorio y periódico"
Como una transacción comercial al comprometerse con una relación que no significa nada a largo plazo, se deja librado a su cálculo y decisión la posesión o el abandono de la inversión. Este hecho aumentaría aún más la inseguridad de la pareja.
En las relaciones humanas; no se llevará sus relaciones a su próxima vida y si se las lleva no habrá conocido otro episodio para saborear y disfrutar.
La tradición católica, referida a las uniones matrimoniales, influyó durante siglos en muchas culturas proporcionando las bases del amor eterno. Pero hoy y más que ayer, la mujer fue ganando los primeros planos en el tejido social, ocupando lugares antes dominados por el sexo opuesto. Estos cambios se trasladaron a todas las esferas, pero especialmente en el matrimonio, hicieron que las decisiones, laudos y plazos matrimoniales no sólo las tomen los hombres.
El autor ensaya sobre la fragilidad de los lazos humanos en tres diferentes ambientes: la pareja, la ciudad y el Estado.
En resumen, las relaciones entre los seres del siglo XXI en una sociedad donde los antiguos modelos de vida –sólidos y a su vez necesarios– se desmoronan y son sustituidos por las nuevas relaciones de la modernidad líquida caracterizadas por el vértigo del instante, el cambio continuo y la fragilidad de los sentimientos.
Este ámbito despierta interés para incluirlo como parte de nuestro análisis de las estrategias, ya que a pesar del mensaje de esperanza que entrega el libro, finalmente es la fragilidad de los vínculos la que genera un nuevo espacio de conversación.